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Museo Memoria y Tolerancia: la dualidad de la historia
Por:  / 6 diciembre, 2012
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Por: Adriana Morán

Video: Temístocles Villanueva / @temistocles3_0

Hallar en el Distrito Federal un lugar con las características del Museo Memoria y Tolerancia es algo que los visitantes de museos, donde se presentan exposiciones de arte, no deben perderse no sólo porque la historia es parte de nuestro pasado sino porque a través de conocimiento de ésta uno puede tomar conciencia de su lugar en las sociedades. No es arte lo que encontramos aquí sino una puesta en escena de la sistemática violación a los derechos humanos y la posibilidad de cambiar nuestras prácticas discriminatorias y violentas hacia el otro.

En entrevista con REVOLUCIÓN TRES PUNTO CERO, Jacobo Dayán, Director de Contenidos del lugar, señaló que el proyecto surgió de la iniciativa ciudadana de unas mujeres que pensaron en un pequeño espacio “que pudiera hablar de la memoria, del rescate de estos procesos violentos en el devenir histórico, sobre todo en un país como México donde la apuesta sistemáticamente es por el olvido”. El Museo es un lugar que le apuesta a la imagen, a la tecnología como medio de enseñanza, a la representación de los lugares, al objeto del pasado, al documento y al testimonial.

Sentado en el espacio dedicado a México, Dayán refirió que la mayoría de museos con esta temática apuesta por la violencia e intolerancia y “hasta ahí quedan pero nuestra apuesta es también abordar temas de derechos humanos, discriminación y convivencia y tratar de resolver este asunto no resuelto del pasado” y la forma de repensarnos. El Museo, que no pertenece al Gobierno de la Ciudad ni al Federal, no pertenece a una fundación sino que es la “suma de muchas voluntades profesionales y económicas. La idea inicial fue hablar de esto en un país donde la discriminación es muy alta y 10 años después tenemos esto, la idea no era hacer un museo grande… esto se fue gestando”.

La división del museo

El Museo, como su nombre lo dice, está dividido en dos espacios, el primero está dedicado a la Memoria, y “se exhiben los genocidios reconocidos como tal ante tribunales internacionales porque se suele usar la palabra con una ligereza irresponsable, y se exhiben los genocidios del siglo XX, que es cuando se acuña el término y se crea la ley de genocidio”, la primera parte y que ocupa más del 50 de la exposición permanente, está dedicada al holocausto, es decir, a los asesinatos cometidos contra los judíos en la II Guerra Mundial.

La entrada a esta sala, entre otras, tiene frases sobre la ideología de los que cometieron crímenes contra la población y la importancia de la memoria como “instrumento de justicia y prevención. La tolerancia sólo se puede comprender cuando se conoce al contrario”. Así, hay un contexto no sólo de lo que pasaba en Alemania durante el holocausto sino del mundo y define tópicos como de antisemitismo, las teorías de los alemanes en lo referente a la inferioridad de los judíos, la propaganda contra éstos, los ghettos (y representaciones de estos) a los que los enviaban y artículos provenientes de esa época como armas alemanas, artículos de los que estuvieron en los campos de concentración, fotos, videos de la época y entrevistas con los sobrevivientes.

También toca el tema de los partisanos que peleaban contra los alemanes, disidentes, nacionalistas o socialistas y que fueron aproximadamente 370 mil combatientes. El museo tiene placas a nombre o recordatorio de la desaparición de las víctimas a lo largo del recorrido pero también nombres, imágenes y cargos de los culpables del holocausto. Algo que impacta es encontrarse ante un vagón original proveniente de Polonia que sirvió para llevar entre 80 y 100 personas sin agua y sin comida por varios días, uno puede pasar en medio de él, mide como dos metros de alto, por tres metros y medio de ancho y como por seis de metros largo.

Luego se llega a las representaciones y datos de los campos de concentración, siendo el principal el de Auschwitz. Los datos señalan que el holocausto inició en 1933 y finalizó en 1945. Se observa una lista de los aproximadamente 210 campos de concentración extendidos a lo largo de Europa. Y una maqueta a escala de Auschwitz, que no tiene las dimensiones pero que bien pudo tener el largo de dos cuadras de la avenida Reforma, los datos dicen que ahí perecieron entre un millón y un millón 500 mil personas.

Los alemanes, por cierto, usaban frases de exterminio disfrazadas como “el trabajo libera, selección, trato especial, desinfección, precisión”, etcétera. También hay una imitación de las alambradas, fotos, utensilios usados por los judíos, cartas, brazaletes distintivos que debían llevar en los uniformes rayados (además de tres piezas originales)que les hacían vestir y que con colores distinguían su estatus de si eran prisioneros políticos, criminales, lesbianas, gays, entre otros. Algo que impacta es que toda la maquinaria ideológica, tecnológica y cultural fue usada para exterminar a los judíos. Otros datos señalan que otros asesinados en campos de concentración eran rusos, alemanes discapacitados, gente de la resistencia, testigos de Jehová, gitanos, polacos, serbios. También hay objetos de los judíos sobrevivientes que llegaron a México.

Una parte extra muestra el genocidio en otras partes del mundo, en lugares como Armenia, la ex Yugoslavia, Camboya, Guatemala, Kosovo, Ruanda, Darfur y otros. En el espacio de Camboya incluso hay una copia de las reglas que debía cumplir el declarante como “debe contestar de acuerdo a mis preguntas, no las evada; no sea tonto, usted es sólo un individuo que no logrará frustrar la revolución; no me hable de sus inmoralidades ni de la esencia de la revolución; durante los azotes o choques eléctricos no debe llorar, no haga nada, siéntese y espere a mis órdenes”.

El museo, por cierto, ha tenido que aumentar o modificar su exposición de los genocidios, por ejemplo, como el de Darfur (en Sudán, que no estaba catalogado), y los casos de Camboya, Libia, Kenya y Costa de Marfil. También han expuesto temas alternativos como temas de discriminación contra los indígenas, la violencia producida por el tráfico de armas que llegan a nuestro país, acerca del Tíbet, las desapariciones en Argentina y “ahora estamos presentando la lucha del movimiento feminista en México, sobre todo en lo tocante al aborto, es decir, el Museo presenta permanentemente ofertas con distintas temáticas”.

Dayán explicó que después del holocausto se decidió poner una sala de los crímenes cometidos contra la población de Armenia, “que empujan a la ONU a crear tal ley y después lo de Moldavia, Ruanda, Camboya, Guatemala y lo que ocurre en Sudán (en Darfur), hay un espacio para la Corte Penal Internacional que ve los casos de crímenes de guerra y contra la humanidad y se exhiben todos los casos que examina la corte”. Dayán señaló que al término de ese recorrido se puede ir a la segunda, Tolerancia, en donde la apuesta “es un recorrido (de lo que se entiende por) diversidad, la otredad, la discriminación, la tolerancia, entre otras, hasta llegar a una parte llamada Nuestro México y se hace un mapeo de la diversidad, la discriminación y la violación a los derechos humanos”.

Sobre la tolerancia y la apuesta del Museo

Jacobo Dayán explicó que el Museo le apuesta a que todos puedan visitarlo, “estamos certificados por Libre Acceso, se puede acudir en silla de ruedas, el material (de video) se subtitula al español y hay material de lectura en braile”. Su idea es “generar una reflexión y cambio de actitud; se ven ejemplos de gente de a pie porque el mensaje es que ante lo que ocurre a tu alrededor tú eres responsable y mantenerte indiferente ante lo que pasa en tu escuela, casa, trabajo, calle, es una elección y uno puede elegir a qué bando se une o quedarse indiferente… nos arrincona la historia a tomar un papel pasivo y puedo elegir comprometerme con causas… (buscamos) invitar al ciudadano a convertirse en alguien enterado, responsable y participativo”.

En, la segunda parte del Museo, denominado Tolerancia, se agregan imágenes, frases y videos de defensores sociales. Muestras de la intolerancia en los medios de comunicación y el lenguaje usado. Recorridos rápidos y en lenguaje sencillo sobre términos de derechos civiles (con énfasis en los niños, las mujeres y adultos mayores), respeto, alimentación, justicia, libertad, autodeterminación, libertad de expresión, tráfico infantil, la miseria, inclusión, refugio, salud, diversidad, inmigrantes. En el apartado de México hay un recuento sobre la diversidad de la población, los derechos civiles, sobre maltrato y la no violencia.

El Museo, dice Dayán, apuesta por la mirada transversal de temas como la lucha social, derechos humanos y no discriminación, problemas de género, discapacidad, de preferencia sexual, contra las mujeres, etcétera. El paseo dura, con guía, entre una hora 45 minutos o dos horas pero uno puede ir sin el guía y las horas aumentan por la cantidad de videos con entrevistas, documentales, historias de vida, entre otras, que permiten un contexto más amplio. También tienen una sala dedicada a menores en edad preescolar y primeros años de primaria “y no se tocan los temas de los crímenes sino de diversidad, derechos de la niñez, compromiso con el entorno… son una serie de talleres realizados en conjunto con Plaza Sésamo”. Finalmente, explicó que cuentan con un centro educativo que ofrece cursos gratis y que los jueves por las tardes no se cobra.

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