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Los bebés, víctimas de trata que (no) importan (VIDEO)
Por:  / 1 mayo, 2013
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Valentina Pérez / @vpbotero

Cinco bebés muertos en la zona limítrofe de Guatemala y México. De sus padres, no hay rastro, sólo de sus cuerpos sobre la tierra, de aspectos diferentes, pero con un rasgo en común: todos tienen semen en el estómago.

Los restos los encontraron en enero de este año sobre en una zanja de la frontera sur. Quienes los raptaron, se aprovecharon de su instinto de succión para obtener leche materna que, exasperado por el hombre, fue usado para que los bebés dieran sexo oral a hombres que pagaran por ello.

Las necropsias arrojaron lo que los peritos ya sospechaban: los cinco bebés muertos habían sido raptados para ser víctimas de trata. Y murieron sin cumplir el año de edad. 

“Son los eternos invisibles”, dice María Ampudia, directora de la organización  “¿Y quién habla por mí?”, una fundación mexicana contra la trata de niños en la primera infancia.

“Su condición de vulnerabilidad no sólo los hace el cuerpo del delito perfecto – no hablan ni existen ante el Estado por no tener acta de nacimiento —  sino que nadie habla por ellos”, asegura la tanatóloga y maestra en Filosofía Social. 

Para REVOLUCIÓN 3.0, Ampudia cuenta la historia con indignación y coraje. Cuando se enteró de la noticia por conocidos, pues fue poco difundida en los noticieros, un torrente de sangre se galopó hacia su cabeza y ahí comenzó a idear la fundación de su ONG, pionera en la defensa para bebés.

Construyó su organización a partir de datos como los que ofrece el Fondo para la Niñez de Naciones Unidas (UNICEF): se calcula que en México de 16 mil a 20 mil niños anualmente sufren de trata y entre 30 y 50 por ciento son menores de cinco años. 

Y desde hace cuatro meses, han mapeado a las mafias de trata de bebés en la ciudad de México.

Según las investigaciones de “¿Y quién habla por mí?”, los grupos criminales que los raptan — aún en el vientre de sus madres o al poco tiempo de nacidos —  los insertan en un ciclo vicioso que les pone fecha de caducidad: la mayoría no pasan de los seis años, que es cuando su organismo suele rendirse ante el suministro diario de drogas que les obligan a consumir sus tratantes.

“Están drogados desde que nacen, les hacen inhalar mariguana para que no sientan hambre y se queden tranquilitos, sin molestar”; señala Ampudia. 

Las 10 personas que trabajan en la ONG han documentado historias de horror como la venta de bebés en la zona centro de la ciudad de México, especialmente en la zona de la Merced, donde se guardan sus cuerpos en carritos para venta de hotdog. 

Los bebés son canalizados a redes de mendicidad forzada, explotación sexual, esclavitud, trabajo en la milicia como niños soldados, e incluso, como reveló el reciente caso de Valeria Hernández – una niña cuya madre denunció su desaparición en Texcoco, Estado de México, pero que finalmente apareció en El Salvador a punto de ser enviada hacia Europa –, a quien se raptó con fines de adopción ilegal, señaló por Areli Rojas, gerente general de la ONG. 

Los costos son variables: en México, ser dueño de una hora con un niño en primera infancia no cuesta más de 200 a 250 pesos y su vida entera se cambia por 10 mil pesos. Su tiempo se mide en dinero porque se han convertido en un bien de mercado.

Y cuando la compra se concreta, ya no hay vuelta atrás. Sirven para lo que desean sus “dueños” y después se vuelven mercancía desechable, humanos reemplazables, poco eficientes para llevar dinero a los bolsillos de los tratantes. Entonces, los abandonan con su adicción o los matan. 

El trabajo de ambas activistas se realiza en un panorama oscuro sobre la niñez en México: de acuerdo con los datos que han recabado Ampudia, 7 de cada 10 niños de cero a cinco años que mendigan en la Ciudad de México son víctima de trata.

Lo ratifica el Índice de los Derechos de la Niñez Mexicana 2012 y Nasheli Ramírez, consejera de la Comisión Nacional de Derechos Humanos del Distrito Federal: “México es un país inapropiado para la niñez (…) la violencia en todas sus vertientes afecta en especial a los niños más pequeños”. 

Una violencia tan terrible que muchos de los cuerpos de bebés encontrados en desagües o en zanjas corresponden al fenómeno de la trata. Unos son reclamados por sus familiares, otros permanecen como desconocidos, acaso porque sus restos terminan en fosas clandestinas.

“¿Qué le espera a México si sus niños son víctimas de trata en sus primeros cinco años de  vida, los más importantes de toda la vida, cuando se forma 90 por ciento de la estructura neuronal y de sinapsis?

“Y más importante, si las cifras se conocen, ¿qué hacen las instituciones del Estado al respecto?”, cuestiona Ramírez. 

Como respuesta de la pregunta, ahí están los cinco cuerpos de los bebés que dieron forma en enero a “¿Y quién habla por mí?”, donde ya laboran más sus 30 voluntarios. No hay responsables hasta el momento por su muerte.

Cinco cuerpos, con semen en el estómago, tirados muy solos, que sirvieron de pequeños engranes para una maquinaria que anualmente deja una ganancia a los tratantes de personas en el mundo 2 mil millones de dólares anuales.

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