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La noche de la supuesta muerte de El Chayo
Por:  / 5 agosto, 2013
revoluciontrespuntocero.com
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Natalia Antezana Bosques /@Natalia3_0

(05 de agosto, 2013).- “Un golpe brutal, el golpe más severo [a La Familia Michoacana]”, fueron las palabras del entonces presidente Felipe Calderón, tras la supuesta muerte de “El Chayo”, líder del grupo delictivo, a principios del mes de diciembre del año 2010.

No obstante, las historias relatadas por los actores principales de los enfrentamientos en aquella ocasión cuentan una versión que dista mucho de las heroicas explicaciones de los mandatarios federales.

“Eran los mismos generales los que ayudaban a la Familia”, señaló Adolfo, un ex militar –soldado fusilero–, en entrevista para Nuestra Aparente Rendición. El ex militar se enlistó en el Ejército en 2007 y se dio de baja 5 años después, tras su  decepción de la institución “defensora del país”.

En los enfrentamientos del 8, 9 y 10 de diciembre de 2010, cuando presuntamente fue abatido Nazario Moreno González –conocido como El Chayo, El Doctor, El Más Loco–, murieron cinco policías federales, tres presuntos delincuentes y tres civiles, según cifras oficiales provistas por el entonces vocero de seguridad de la Secretaría de Gobernación.

Sin embargo, Adolfo cuenta un panorama diferente de aquella batalla que se desató en el municipio de Apatzingán –Michoacán–, entre sicarios, elementos de la Policía Federal, Ejército y Grupo Aeromóvil de las Fuerzas Especiales (G. A. F. E.).

El ex militar relata que la mañana del 9 de diciembre acudieron a la 43 zona militar, en Apatzingán, en donde horas antes se había desarrollado el enfrentamiento.

Al ingresar al municipio, Adolfo observó coches incendiados, pero no vio ni una sola persona. El municipio estaba custodiado por elementos de la Policía Federal, Ejército y fuerzas especiales.

Al ingresar a la cafetería escuchó que los “Gafes” aseguraban que la noche anterior hubo una masacre y que acribillaron a varios elementos de la Policía Federal. Los Gafes se burlaban de la mala actuación de los federales, al igual que de la nula respuesta que habían tenido los fusileros del Ejército al no acudir a la zona de enfrentamiento en el momento de la batalla.

“Esta guerra es pura mierda, ayer a los primeros en chingarse fueron a los Pefepos [por la extinta Policía Federal Preventiva, PFP], nunca nos dieron la orden de reforzarlos, los dejamos morirse como perros”, le dijo uno de sus compañeros a Adolfo. Explicó también que la noche del 8 de diciembre se escucharon los primeros balazos. No obstante, los altos mandos dijeron que únicamente eran unos cohetes lanzados por alguna festividad de la zona.

Las movilizaciones en apoyo a la Policía Federal por parte de elementos de seguridad de otras corporaciones, comenzaron a las 21:30 horas. A pesar de la promesa del envío de refuerzos, nunca llegaron a la zona de enfrentamiento. Incluso las órdenes fueron: no meterse en conflictos que podrían poner en riesgo su vida.

Adolfo explicó que al día siguiente sufrieron una emboscada y que pensaban que “los Gafes” estaban apoyando a la Policía Federal. Cuando llegaron al lugar se dieron cuenta de que nunca habían existido los supuestos refuerzos.

“En la madrugada, los pocos militares que nos quedamos con la Policía Federal, incursionamos sobre el sector en el que los Gafes se debían haber chingado a los sicarios, pero lo que encontramos no tuvo madre: restos de cartuchos y radios, rastros de sangre que llevaban a un camino marcado por huellas de neumáticos, y dos pefepos ultimados”, explica Adolfo en la entrevista.

“Los verdes [Ejército] ya vienen para acá. No te preocupes por ellos. Tú sígueles disparando a los azules, los sapos así caminan, no hay pedo”, fue el mensaje que se logró interceptar por los elementos de radiocomunicaciones del Ejército.

Los elementos de la Policía Federal no se movían de atrás de sus coches; únicamente se desplazaban para recoger a sus compañeros que fueron heridos. El Ejército tenía órdenes de no meterse en el conflicto.

Adolfo explicó que decidió desertar del cuerpo castrense luego de otro enfrentamiento entre elementos policiales y Los Caballeros Templarios, el 24 de mayo de 2011. En dicha batalla, los elementos del Ejército no intervinieron en lo absoluto.

“Lo único que hizo [el Ejército] en los días siguientes, fue llevar a un corralón las camionetas abandonadas de los cárteles; entraron en casas de seguridad para rapiñar cartuchos, armamento y droga que posteriormente exhibieron ante los medios”, denunció Adolfo.

En esa misma ocasión, cuando se registró uno de los enfrentamientos entre la Policía Federal y Los Caballeros Templarios, el Ejército se aproximó con un helicóptero. Sin embargo, cuando el comandante vio la cercanía, dio la instrucción de que la nave se retirara. El comandante indicó al piloto por radio: “¿Qué chingados haces ahí? Retírate”.

“Creo que tanto militares como policías federales, somos la carne de cañón de este gobierno. La verdad, muchos de los delincuentes están protegidos por altos  mandos. Si para nuestra mala fortuna llegamos a agarrar a un protegido de los peces gordos, a quien carga la chingada es a nosotros. Ya han desaparecido varios compañeros en una guerra que fue puro teatrito de Calderón” fueron las palabras de Adolfo en una entrevista que le hizo Nuestra Aparente Rendición.

Cabe señalar que en entrevista para REVOLUCIÓN TRESPUNTOCERO, Juan Manuel conocido también como el M3, quien ingresó a Los Caballeros Templarios desde los 14 años y ahora, a sus 18, es líder del grupo de autodefensa de su comunidad, aseguró que El Chayo está vivo y que no fue abatido en dicho enfrentamiento. También dijo que después de que lo consideraran muerto decidió hacerse una cirugía facial para evitar ser reconocido.

“Me duelen mis camaradas que aún siguen en el Ejército, exponiendo sus vidas. Después ellos son los que pagan las chingaderas. Lo malo es que la gente se olvida de que un soldado sólo obedece órdenes”, concluyó Adolfo, en su recuento de una guerra, que aún persiste, en el cotidiano de Tierra Caliente.

Con información de Nuestra Aparente Rendición y Vanguardia

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