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El Cártel del Golfo: el emperador de la piratería en el Centro Histórico
Por:  / 25 enero, 2014
REVOLUCIÓN TRESPUNTOCERO
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Óscar Balderas / @oscarbalmen

 

Para hablar con Andrea hay que esconderse. Va a contar cómo opera el Cártel del Golfo en las calles del Centro Histórico de la ciudad de México, así que debemos caminar el pasillo de una vecindad en la calle Del Carmen, sortear miradas retadoras, subir un primer piso y acomodarnos entre dos cajas de metro y medio de alto, que sirven como muralla para que nadie nos vea conversar.

Tiene 32 años y aunque está embarazada enciende un cigarro y mira su reloj Cartier original: para hablar sobre el cartel que fundó el capo Juan García Ábrego y su nuevo negocio de tráfico de ropa de origen chino en el primer cuadro de la capital sólo tiene 10 minutos. En cuanto se acabe el plazo, algún vigilante le podría preguntar qué hace conversando con un periodista y corrernos a empellones.

Antes de empezar a hablar, la vendedora de ropa dice que hay que tener claro este dato: quiénes mandan en el negocio ilegal “de lo chino” en el Centro Histórico pertenecen a un grupo llamado “La Unión” y son un grupo de “empresarios” que se presentan como miembros del Cartel del Golfo.

“Si tienes eso muy claro, ya te imaginarás el resto. Es la historia de una mafia enorme, la más grande la ciudad”, me dice la comerciante, flanqueada por pantalones, blusas, playeras, suéteres que entraron al país de manera ilegal y se venden a plena luz del día. 

***

“Lo primero que debes saber es que hay dos formas de traer cosas chinas ilegales a México. Una es directamente desde China y otra es desde Centroamérica. Para todo hay que sobornar”, cuenta Andrea.

Si se elige China, dice, antes de viajar al otro lado del mundo hay que tener claro qué mercancía se va a comprar, cuáles son las fábricas ilegales y dónde se ubican. Para eso, se debe hablar antes con los miembros del grupo criminal “La Unión”,  que proporciona “enlaces”, es decir, personas que reciben a los comerciantes en el aeropuerto y lo llevan hasta donde se maquila la mercancía.

“La Unión” pertenece a “Los Zetas” que, liderados por Miguel Ángel Treviño Morales, alias el “Z-40”, son el brazo armado del Cartel del Golfo. Sólo en la Ciudad de México, según el área de prensa del FBI, ambos grupos se mantienen unidos.

No darles aviso de que se comprara mercancía en China para venderla en México es causante de una golpiza que, en el argot de los “empresarios”, se conoce como “tablazos”, una tunda de al menos 10 minutos por pretender hacer negocios de espalda al cartel.

“Mucha gente viaja desde Tepito hasta China, Japón, Tailanda, donde se produce todo. Ni saben hablar inglés ¡menos chino! Pero allá los reciben mexicanos. Se conocen como ‘brokers’, son gente (del cartel) del Golfo y tu nada más les indicas qué quieres, cuánto quieres y ellos hacen el resto. Son como policías”, narra.

Un “broker” debe hablar el idioma nativo y ayudar a concretar la compra. Luego de acompañar al comprador por las fábricas de China, lo regresa al aeropuerto y comienza un trabajo silencioso: recolectar los productos apócrifos, empaquetarlos con apariencia legal y sobornar autoridades chinas para entregar la mercancía en Centroamérica.

Hay dos formas de hacerla llegar: vía marítima o aérea. Por mar, el embarque tarda en llegar a suelo Centroamérica hasta 30 días y un “broker” cobra 12 dólares por kilo, de los cuales 3 dólares se quedan en su bolsillo; si es por aire, cobra 30 dólares por kilo, se queda 5 y garantiza que la mercancía llega en 4 días máximo.

“Imagínate, ¡5 dólares por kilo en contenedores pesadísimos! Son millonarios, es el negocio de sus vidas, aunque deben pagar una fuerte comisión a ‘La Unión’ aquí en México”, dice Andrea.

A partir de aquí, afirma, inicia una segunda etapa: quienes compraron en China tienen dos opciones. O trasladan la mercancía a México o la revenden a comerciantes mexicanos que no tienen dinero para ir al otro lado del mundo y prefieren comenzar su negocio comprando la mercancía desde Guatemala o Belice.

“Hay lugares (en Centroamérica) que se llaman ‘zonas libres’ y están en esos dos países. Ahí otros ‘brokers’ descargan la mercancía con ayuda de autoridades aduanales. La ruta más conveniente es pasar por la frontera sur, porque no hay mucha vigilancia y las autoridades son más corruptas. Ahí es más fácil todo”, dice.

En territorio centroamericano, la mafia extiende sus brazos a otras nacionalidades: chinos, coreanos, hindúes y colombianos que trabajan para mexicanos hacen el “brinco” de la mercancía de Guatemala o Belice hacia México; siempre van armados, en caso de que otros cárteles quieran robarles lo que pertenece a sus clientes.

Estos “brokers” ofertan dos métodos: contratan centroamericanos pobres como “pasadores”, quienes cobran mil 500 pesos por “bulto a la cintura” que pasan caminando de suelo centroamericano a suelo mexicano hasta depositarlo en un tráiler que ya los espera; o conatratan “hormigas”, quienes cobran 10 pesos por cada pieza que pasan en pequeñas motocicletas.

“Si vas a pasar mil pantalones con ‘hormigas’, por ejemplo, hay que pagar 10 mil pesos. Suena mucho, pero igual sigues ganando, porque ya estás pagando la mordida a policías federales y aduanales en México.

“Y entonces, inicia la tercera etapa. Traer todo al Centro. Es lo más divertido”, dice Andrea, mientras sonríe con una mueca de orgullo.

***

 

El trabajo de “La Unión” no es nueva: en junio del año pasado, Guillermo Gazal Jafif, presidente de Procentrhico, un organismo que agrupa comerciantes en el Centro Histórico, denunció que en esa zona operan, al menos, diez grupos del crimen organizado.

“’Los Zetas’ operan aproximadamente desde 2000 hasta esta fecha, en las calles Manuel Doblado, Perú, Argentina, Jesús María, El Carmen, incluso el Eje Central”, señaló en aquellos días Gazal Jafif, quien también denunció extorsiones y amenazas de sicarios.

Su presencia es un secreto a voces que la Procuraduría General de la República conoce bien, luego de que sus testigos protegidos “Zajed” y “Mateo” afirmaran que el Centro Histórico tiene un papel clave para los grupos criminales en México.

Estos dichos publicados por el diario Reforma orillaron el 6 de marzo al jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, a reconocer que en el primer cuadro del centro – específicamente Tepito – se concentraban actividades ilícitas del crimen organizado.

Todos lo saben, pero nadie habla de ello. REVOLUCIÓN TRESPUNTOCERO solicitó una entrevista sobre este tema al secretario de Gobierno del DF, Héctor Serrano; a la Subsecretaría de Programas Delegacionales y a la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal.

Nada. Silencio.

***

 

Los camiones repletos de mercancía que hizo un alto en Centroamérica esperan, por lo general, en Chiapas o Tabasco, aunque algunos los toman desde Campeche. Aquí no hay vuelta atrás: la mercancía está en suelo mexicano y ya no es posible regularizarla, porque entró al país sin sellos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y, aunque se quisieran pagar impuestos, es apócrifa.

El arreglo con el transportista depende de la amistad entre el propietario y el trailero: llevar los productos ilegales desde la frontera sur hasta el centro de la capital oscila entre mil y 3 mil pesos por “bulto a la cintura”.

“Esto es importante: a los transportistas rara vez los asaltan. Van protegidos en carretera por ‘La Unión’, los demás cárteles saben que no hay que meterse con ellos y la Policía Federal los deja pasar… aunque sí, ha pasado que decomisan uno o dos tráilers y eso ya no lo recuperas.

“En este negocio no hay garantías y puedes perder 400 mil pesos de un momento a otro. Así es esto, ¿a quién le reclamas? Te aguantas y ahorras para otro”, dice Andrea.

La mercancía puede tardar hasta 24 horas en llegar al primer cuadro del Distrito Federal. Al arribar, los transportistas ya saben qué hacer: deben estacionarse en un eje vial, esperar al amanecer, tener la dirección de dos o tres bodegas vacías donde descargar, contratar unos 50 “diableros” o cargadores y orquestar el traslado de la mercancía hasta una vecindad oculta y protegida por comerciantes.

“Son expertos, los ‘diableros’ te descargan un tráiler completo en minutos. Ya se la saben. Descargan y corren, se llevan a quien sea, atropellan, les vale madres, tienen que meter la mercancía donde se les diga para que les paguen”, cuenta.

Una vez concluido el proceso, la mercancía se distribuye por el Centro Histórico: locales en Moneda, Correo Mayor, Loreto, en la zona de Mixcalco, Tepito, Merced, Guerrero. Y la playera que a Andrea le costó 25 pesos traer desde China, se la vende a los visitantes en 60 pesos, un precio hasta 500% por debajo del costo de una prenda original.

“Y vendes mucho, ¡muchísimo! La gente ya no compra original, compra algo bueno, bonito y barato. Y te va bien, ¿eh? Mira”, señala Andrea y saca de su bolsa dos llaves y un teléfono: las de su nueva casa, las de su nueva camioneta y un smartphone de 9 mil pesos que compró cuando estuvo en China y apenas usa, porque en la secundaria donde truncó sus estudios nadie le enseñó inglés.

“Y los de ‘La Unión’ ¡uy, ni te digo! Casotas, carrotes, dinero a montones. Traen 50, 60 mil en efectivo en sus cangureras todos los días. Y aquí se les respeta, todos se les cuadran a mis patrones.

“Ahora tu dime, ¿qué mafia puede hacer esto, todos los días, sin que nadie los atore?”

 

***

 

En la calle Corregidora hay discos, bisutería, artículos para el hogar, gadgets, libros, telas y juguetes hechos en China; en Correo Mayor, imágenes religiosas; Moneda, banderas mexicanas satinadas en el oriente del mundo.

En Del Carmen, Andrea vende playeras, pantalones, sudaderas, camisas, gorras, ropa interior, tenis y hasta lencería.

Y el 90% de los productos de la zona, dice, lo traen las organizaciones criminales desde el otro lado del mundo, aunque con los años cambien de nombre: ayer trabajaban para “Los Aferrados”, hoy para “La Unión” del cártel del Golfo, mañana algún otro grupo que quiera conquistar el comercio del corazón de la ciudad.

“¿Hace cuánto estás en esto?”, pregunto, revisando que el tiempo no esté en contra nuestra. Sonríe con ironía. “Mi esposo y yo usamos los servicios de los “brokers” desde hace unos cuatro años. Tenemos un negocio y nos va bien con las cosas de China”, asegura.

Los comerciantes y autoridades, asegura, ven con buenos ojos a “La Unión”: a los primeros dan empleo, hacen circular dinero en efectivo por la zona y brindan seguridad a la bodegas; a los segundos, le dan “un dinerito extra” y les mantienen a raya a los ladrones comunes del Centro Histórico.

“Hay que ponerse vivos. Te digo, los patrones son bien listos, insisto, ¿qué mafia hacer esto, todos los días, y se pasean tan campantes por el Centro?”, dice Andrea, mientras pisa su cigarro y me muestra su reloj chapado en oro.

Se acabó el tiempo de hablar. Hay que vender hoy la mercancía, porque mañana llega desde Tabasco otro tráiler cargado con ropa hecha en China .

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