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Cuando los periodistas se convirtieron en el enemigo de las tropas estadounidenses
Por:  / 21 enero, 2013
jose couso
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 Por Angie López

@anjunkie3_0

José Couso, camarógrafo y reportero gráfico español, murió el 8 de abril de 2003 en Bagdad, durante la invasión estadounidense a Irak, cuando un tanque de guerra americano atacó el Hotel Palestina donde se hospedaba, junto con la mayoría de la prensa internacional.

El pasado 12 de enero, Javier Couso, hermano del fallecido José, dio una entrevista a Annalisa Melandri, periodista y activista italiana, publicada por la agencia internacional de noticias, Pressenza.

José trabajaba para Tele5, tenía 38 años, estaba casado y tenía dos hijos. A tres semanas de la invasión estadounidense en Irak, José y sus compañeros se encontraban ahí para cubrir el momento en el que las tropas invasoras llegaran a la capital del país, para derribar el régimen de Saddam Hussein. Aquel día, además de José, murió Taras Protsiuk, camarógrafo ucraniano que trabajaba para la agencia Reuters y se hospedaba en el piso de abajo al de José.

El hotel fue elegido por la prensa una vez que CNN informara que ahí se alojarían sus periodistas. Ya que CNN tiene comunicación directa con el Pentágono, el resto de los corresponsales consideraron que se trataba de un lugar seguro, que tanto las tropas de Irak como las estadounidenses, sabían que estaría repleto de enviados internacionales, con la misión de cubrir los acontecimientos.

Al día siguiente del ataque contra el hotel y contra otras sedes de la prensa independiente, el ejército estadounidense ocupó la capital iraquí. No circularon imágenes en vivo de la toma de Bagdad. Lo único que la comunidad internacional pudo atestiguar, fue cuando un grupo de iraquíes derribó la estatua de Saddam.

Javier Couso también es periodista y desde que su hermano murió, ha luchado junto con su familia para que se haga justicia. A 10 años del asesinato de su hermano, Melandri cuestiona a Javier sobre la evolución del caso.

“El caso sigue abierto (…), se encuentra en fase de instrucción con tres procesados: el sargento Gibson, el capitán Wolford y el teniente coronel DeCamp, los cuales se encuentran en búsqueda y captura internacional acusados de un delito de lesa humanidad contra la comunidad internacional. Además, se encuentran imputados también los máximos responsables de la III División de Infantería Acorazada del ejército de EEUU en el momento de la invasión de Irak: el coronel Perkins y el general Bufor. A los procesados se les ha impuesto una fianza de 3 millones de dólares”, señaló Javier Couso.

Couso añadió que la periodista Amy Goodman, presentadora del programa Democracy Now, entrevistó a la ex sargento de la Inteligencia Militar Adrienne Kinne, encargada de espiar a los periodistas alojados en el Hotel Palestina y que confrontó a sus superiores cuando se enteró de que sería atacado, sin importar que se trataba de un objetivo civil.

Javier Couso comentó a la periodista que el Departamento de Estados Unidos, en vez de investigar los acontecimientos, dio una “auto exculpación fabricada, sin referencias, sin datos”. Las autoridades estadounidenses dieron la versión de los militares, quitándole rigor al informe, haciendo a la misma persona juez y parte. La única razón por la que lo hicieron, fue porque el gobierno de Ucrania se los solicitó, debido a la muerte de su corresponsal.

La versión oficial indica que interceptando una frecuencia de radio iraquí, los soldados estadounidenses descubrieron que en uno de los pisos más altos del Hotel Palestina, había un puesto de observación del ejército de Irak, listo para atacarlos. Esta narrativa muestra problemas, ya que en las imágenes que existen, se demuestra que los tanques estuvieron mucho tiempo ahí y que jamás corrieron peligro. De haber estado en situación de amenaza, los soldados no hubieran salido del tanque a caminar, sin protección, antes de atacar al hotel, remarca Couso.

Las investigaciones paralelas que ha llevado a cabo la familia Couso, señalan que se trató de un ataque “premeditado y diseñado”, ya que además del Hotel Palestina, la misma compañía militar atacó a Al Jazeera, Abu Dhabi y a Reuters. Con los medios de visión del tanque de guerra, era posible determinar que se trataba de periodistas y no de tropas iraquíes, agrega Couso.

Por si fuera poco, Couso narra que “se neutralizaron todas las señales en directo que había en Bagdad aquella mañana”, con lo que se consiguió un “apagón informativo” hasta que sucedieron las imágenes “adecuadas” para ser mostradas a la audiencia internacional.

Javier Couso agrega que a diferencia del gobierno ucraniano, el español ha interferido para detener la investigación judicial, defendiendo en todo momento a las tropas de Estados Unidos, alegando que el incidente se trató de un “error no intencional”.

Ante la tragedia, Javier refrenda su compromiso como periodista: “Considero un imperativo moral poner mi granito de arena en la batalla que se desarrolla entre la verdad y los grandes medios que siempre están al servicio de los intereses de las transnacionales y el poder financiero”. Además, considera que internet abre una pequeña oportunidad para difundir información y contrarrestar el discurso “(des)informativo” de los medios trasnacionales de comunicación. Couso resaltó también la importancia de la “soberanía informativa”, como punto indispensable para que el periodismo pueda mantenerse vivo por encima de la “industria de la mentira”.

Javier Couso continúa en la lucha por la verdad y la justicia. Además de su trabajo diario, coordina actividades de denuncia y protesta social pacífica. “La memoria es fundamental para seguir adelante, los asesinos de nuestros familiares nos quieren amnésicos. Si se olvida, se legitiman los asesinatos y el tiempo hace de borrador al servicio de la impunidad”, concluyó Javier.

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