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Brasil: desalojados, prostitutas que quieren aprender inglés, favelas y aumento en consumo de crack. La polémica previa al mundial

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Por Fabián Cuéllar

@FCuellar3_0

 

En los últimos años, la imagen de Brasil ha mejorado drásticamente en la percepción mundial: lo mismo lucha por fortalecer su economía, se renta como escenario de producciones cinematográficas hollywoodenses o atrae la atención de los amantes del deporte como futura sede del Mundial de fútbol en 2014 y de los Juegos Olímpicos de 2016.

Con los ojos de la comunidad internacional fijos en el país sudamericano, el gobierno brasileño redobla sus esfuerzos para no tropezar en el camino y salir bien librado de los problemas que no dejan de aparecer.

El Museo del Indio

Hace unos días, sobresalió la amenaza de desalojo a una comunidad indígena que está asentada en el antiguo Museo del Indio, en las inmediaciones del mítico estadio Maracaná. Desde 2006, el terreno es habitado por indios de diversas etnias que han enfrentado varias iniciativas que pretenden demoler el inmueble.

El Museo del Indio tiene una historia ligada a la población indígena desde 1865. El duque de Sajonia-Coburgo-Gotha, Luis Augusto Maria Eudes donó el espacio para la construcción de un centro de investigación de cultura indígena. Para 1910, se creó el Servicio de Protección al Indio, lo que hoy se conoce como Fundación Nacional del Indio (Funai). Fue hasta 1953 cuando se inauguró el Museo del Indio que sería trasladado, en 1977, al barrio de Botafogo, tras la primera amenaza de demolición del edificio original. El local conservaba un acervo de 16 mil libros sobre cultura indígena y era visitado por casi 3 mil personas a diario. Después de la década de los 80 cayó en el abandono, tras proyectos que no fructificaron. La demolición permaneció como fantasma recurrente.

El 12 de enero de este año, el grupo antimotines BPChoque de la Policía Militar brasileña rodeó el predio que aloja al extinto Museo del Indio. Los habitantes del inmueble se hicieron presentes, mientras la policía esperaba una orden judicial para apoderarse del terreno. El intento de desalojo y demolición formaba parte de las obras de remozamiento del estadio Maracaná para el Mundial venidero.

Según un decreto del 2001, es necesaria la aprobación del Consejo de Patrimonio para la demolición de edificios históricos. Contrario a eso, el alcalde de Rio de Janeiro, Eduardo Paes, cedió el permiso de demolición sin consultarlo con el Consejo. A la fecha, no se sabe con certeza qué pasará con el terreno y con quienes lo habitan, mientras que el tema va tomando fuerza a nivel social y diversos defensores legales se acercan a los indios para ofrecer su apoyo.

Los ecos de Femen

Dos grupos de mujeres se enfrentan. Por un lado, resaltó la noticia de la Asociación de Prostitutas de Belo Horizonte que buscan profesores de inglés para todas sus afiliadas, para que éstas puedan atender de manera más profesional a los futuros clientes que visitarán tierras brasileñas durante los eventos que vienen.

Por el otro, en noviembre pasado, las activistas -y autonombradas sextremistas- de Femen Brasil se manifestaron en una terraza del famoso Hotel Copacabana en contra del turismo sexual. Con otra de sus famosas protestas donde las pancartas son su cuerpo -lo llaman Desnudo Político-, dos elementos de Femen se despojaron de la ropa y, al grito de “Turista sexual: regresa a tu país”, presentaron sus consignas frente a las cámaras hasta que aparecieron elementos de seguridad del hotel.

La manifestación surgió de una plática entre Femen Brasil y 30 prostitutas. 24 de las trabajadoras sexuales afirmaron que el 100% de sus clientes son turistas sexuales que buscan jovencitas de entre 14 y 19 años.

Con la llegada de eventos internacionales como el Mundial o los Juegos Olímpicos, la preocupación de las activistas es fundada: Brasil apunta a convertirse en el burdel más grande del mundo el próximo año.

Declive y auge de las favelas

La primera decisión que giró en torno al nombramiento de Brasil como sede de las grandes competencias deportivas fue el proceso de pacificación de las favelas. Con grandes ciudades conocidas por sus contrastes sociales y económicos, el crecimiento y multiplicación de las favelas era algo cotidiano en la vida de los brasileños.

Distintos grupos del crimen organizado operan desde estos barrios, con pequeñas células del Comando Vermelho, Primeiro Comando da Capital o Terceiro Comando, entre otras bandas criminales.

Además del trabajo de las Unidades Policiales de Pacificación, los habitantes de las favelas han tratado de invertir las condiciones de violencia mediante acciones sociales que buscan alejar a los jóvenes del crimen organizado. Desde talleres de oficios hasta actividades deportivas están enfocadas en fomentar el sentido de comunidad que se perdió por los constantes asesinatos y el asedio policiaco en los barrios pobres de Rio de Janeiro.

La pacificación de las favelas es latente en los bolsillos de numerosos cariocas. Se cree que 40 millones de brasileños llegaron a la clase media en los últimos diez años. Entre ese número se encuentra el 66% de los habitantes de favelas.

De igual forma, desde el destierro de los grupos criminales, el costo de los terrenos en las favelas ha ido en aumento, por lo menos en un 50% sobre su precio anterior, pues su cercanía a la ciudad y su localización en los cerros de Rio generan vistas deseables al mar a precios ridìculamente accesibles en una de las ciudades más caras de América Latina.

La sombra del crack

Sin importar cuántas favelas se suman al récord gubernamental de barrios pacificados, los narcotraficantes continúan sus actividades en otros territorios brasileños. Los principales delatores son los consumidores.

En gran parte del territorio de Brasil, se pueden encontrar pequeños lugares llamados “cracolandias” donde se consigue cualquier droga, sobre todo crack. Con una clase media creciente, el acceso a drogas sintéticas se vuelve más accesible. Los adictos al crack se multiplican por todo el país.

El escenario es parecido a aquel de Estados Unidos en la década de los 80: familias separadas, vidas destrozadas por las adicciones. Contrario a lo que se hizo en EU, el gobierno de Brasil no cree que encarcelando tanto a consumidores como a traficantes se erradique el problema. Sin embargo, el gobierno ha ingresado a adictos a clínicas de rehabilitación.

“Es una política violenta, aurotitaria, militarizada y anticiudadana. Restringe derechos constitucionales para que la persona decida por sí misma y refuerza la discriminación”, aseguró Tulio Batista Franco, profesor de la Universidad Federal Fluminense.

Queda por ver si la medida tiene repercusiones favorables, mientras el tiempo transcurre y la Copa del Mundo está cada vez más cerca.

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Narrador, poeta y ensayista; co-fundador de WR Editorial y director del colectivo Arte Movimiento Urbano (ARMOUR).
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